QUIERO VERLOS VIVOS
Nuevo año con un virus que sigue mutando y los seres humanos aun no
podemos mutar en una mejor versión nuestra, hasta que no sentimos la tragedia y
el dolor, antes que ocurra deberíamos repetirnos: “quiero verlos vivos” a esas
personas que amo y aprecio, porque nadie es inmune a la muerte.
Creemos que hemos madurado o somos lo bastante independientes cuando ya
no compartimos la cama con los hermanos, tenemos cuarto propio, cuando la
pubertad nos hace ver las cosas de diferente manera o cuando nos pagamos
nuestras cosas, vivimos aparte o tenemos nuestro propio hogar, a veces nuestro
sentido de independencia puede irse tan lejos con cosas que van pasando
paulatinamente al ir creciendo, que el único baldazo frio es la muerte de
alguien querido, que nos hace ver que no es cuestión de bienes, carácter o
distancia, sino que a veces madurar implica tener un equilibrio entre lo que
amamos, deseamos y tenemos, porque todo eso se derrumba cuando sentimos que
vamos a perder a alguien que no queríamos ver morir.
Este año la pandemia está volviéndonos a mostrar lo poco humanos y
empáticos que resultamos ser con los demás o con nuestros seres queridos, con
las mutaciones del virus y el deterioro más rápido que le produce al organismo,
varios ya han dejado esta vida, volviéndose un numero en las estadísticas de
los noticieros y reportes de salud. Varios hemos enfermado lamentablemente sin
quererlo, pero las posibilidades eran altas, aun así gracias a Dios en mi caso
particular, porque creo en la fe que le tengo, estoy pasando sin demasiadas
dificultades la enfermedad y me alegra que mi cuerpo sea testarudo y
resistente, solo fui intentando ponerme de ese lado sin vivirlo, pero al
experimentarlo no disto mucho de mis conjeturas, la verdad la salud y el tiempo
invertido en ella no se recupera con nada, en momentos cuando tu vida también está
en juego quizás no te asusta tanto, sino el preocupar a los que quieres, obviamente
tienes algo de miedo, pero más temor le tienes a verlos a ellos mal o postrados
sin ayuda cercana.
Así que cada día que hacía cola (y espero acabe pronto) para mi atención
medica porque era necesario por cuestiones laborales, veía gente de todo tipo,
de todo criterio y también gente abusiva de su condición, su posición, su edad
o su estado gravitacional, la verdad sé que la gente no es el pan de Dios o pobre victima que espera hacer creer a los
espectadores de la información a través de la televisión, porque en esos
momentos cuando se olvidaban de la sana distancia, de toser adecuadamente y
otros menesteres básicos, me dio cuenta que uno puede contar algo exagerado
diferente a lo real. Y fue así que empecé a notar que mucha gente no había madurado su empatía
por otros y quizá habían crecido físicamente, pero mentalmente aún eran esos
pubertos rebeldes o prepotentes que se creen dueños de su vida y decisiones
cuando desobedecen las reglas de mama o los parámetros mínimos de convivencia
de hoy en día, todo pareciera lamentable porque la gente misma enferma a otros
y no le pesa.
En esas horas interminables que aún no culminan veía a los transeúntes,
aquellos que quizá no creen en el virus o creen que si les da son lo
suficientemente fuertes y no les pasara nada, día que pase ahí veía como la
gente prefiere ignorar las largas filas de
enfermos de covid y seguir con su vida, obviamente también hay los temerosos
extremos (ellos si tienen menos probabilidades de enfermar porque se cuidan el
doble) pero cuando la muerte toca la puerta, acaso puedes cerrarla con llave, a
veces me he preguntado eso, quizás no tengan miedo al virus, quizás necesitan
transitar y trabajar, pero cuando el miedo a perder una madre, un padre, un
esposo, un hijo, son vividos quizás ahí recién la gente le tema a esta pandemia
que aún no se acaba porque todavía no hemos aprendido y preferimos buscar
culpables o ejercer conductas peores a las que realmente necesitamos.
“Quiero verlos vivos”, era mi pensar al soportar la espera y los
trajines de trámites, quiero verlos bien es aun mi pensar para recuperarme y
seguir adelante mostrando fuerza para que no tengan miedo, por eso mantener
distancia de ellos es lo correcto, no quiero afectar a nadie era la idea en mi
mente mientras aguantaba el barbijo sofocante, la máscara y no soltaba el bote
de alcohol de mi mano al esperar atención médica, me repetía: quiero verlos reír,
charlar, soñar, comer juntos y esperar tiempos buenos, esos pensares hacia que
me embarguen cuando sentía soledad, cuando tosía, cuando no podía dormir,
cuando me fatigaba el esperar consulta, todo lo hacía por mi cuenta porque: “quiero
verlos vivos”, “disfrutarlos más tiempo” y que el transcurso de la vida los
deje vivir bien y a gusto hasta que tengan que partir en su momento indicado,
solo así me ha sido más fácil sobrellevar las etapas que debo desde el
aislamiento, tomar mis medicinas y aguantar el ir a las revisiones que espero
ya acaben pronto.
Por eso el que uno se cuide y aplique los protocolos de bioseguridad que
ahora son como padre nuestro, no solo es para nosotros, sino para velar por los
nuestros y los que no pueden tener una constitución física resistente o un
bolsillo rebosante de billetes; quizás cada uno debería meterse en ese papel,
para saber el dolor que se siente que alguien tuyo muera sin previo aviso, sin
despedirse, sin verlo o repentinamente; con o sin dinero, este virus se ha
llevado a muchos, la cuestión es saber si tú también puedes decir: “quiero ver
vivos a los míos” y te pones tu barbijo, quizá no parezca mucho, pero te hace
mejor persona cuando no solo piensas en que si eres invencible y superas todo
como alguien independiente, sino que maduras y sabes que otros dependen de tus
buenas o malas decisiones.

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