EL ROSA SE TIÑE DE ROJO
Los días especiales los conocemos, como esas fechas donde recordamos algo importante y significativo para nosotros: puede ser un cumpleaños, un aniversario, un acontecimiento relevante; se evocan recuerdos, palabras y hasta se dan presentes, porque ese día en el calendario es algo que queremos conmemorar con pompa y sonaja; pero cuando un festejo se rememora con lágrimas y rabia o burla y descontento, deberíamos reflexionar sobre el trasfondo de ciertos días considerados especiales, como el que se les dedica a las mujeres.
Cuando nacían cubriéndolas con
prendas rosas, no sabían el peso tan grande que cargaban al existir con ese
género, no pasaba por su mente mientras crecían, que debían rendir cuentas de
sus elecciones y preferencias, que con un golpe podían tumbarlas y callarles
las palabras, que hasta sus pares podían insultarlas o discriminarlas. El
camino recorrido por las mujeres en el paso del tiempo, ha tenido obstáculos
que han derribado una y otra vez, sin lograr cambios sustanciales que las
quiten de los índices de violencia y las posesionen equitativamente en sus
fuentes laborales, en sus roles sociales y hasta con su existencia.
8 de marzo, nos recuerda la lucha
de mujeres por tener más derechos, por el respeto a su vida, por hacer reales y
palpables todo lo que han logrado para vivir plenamente siendo ellas, deberíamos más que recordar: alzar las voces
con hechos y actos para las mujeres, tender la mano a la que lo necesita,
apoyar con conocimiento a la que no puede defenderse o salir adelante, emprender
luchas con fines equitativos, usar el titulo o posición que tengamos, para
gestionar propuestas que las empoderen y las protejan, cuanto se desea que
estos anhelos no se pierdan en prosa y crezcan.
De nada sirven las protestas y
los extremos radicales, sino evitamos que sigan siendo una menos en el mundo,
no hay propósito útil en solo pelearnos con los hombres o las mujeres, con el
sistema y sus representantes, destruyendo monumentos y edificios; mientras día
que pasa una mujer sufre en silencio algún tipo de violencia o agresión; no hay
nada bueno en popularizar en las redes y las noticias el “feminicidio”, sino
gritamos hechos que cambien la realidad actual, haciendo eco que estamos hartas
de que golpeen, violen y mueran mujeres; dejemos de juzgar a las que callan o a
las que protestan, dejemos de pensar que un gobierno es el culpable, porque si
no inculcamos desde casa lo valiosos que son hombre y mujer, de nada sirven
penas más duras si el dinero compra la libertad del que puede. Está claro que
primero debemos derrotar nuestras falacias e incorporar el concepto de equidad
en nuestro vocabulario.
En fechas que recordamos al
género femenino, no olvidemos como el rosa se tiñe de rojo, cuando las mujeres
se vuelven una foto en los muros de las oficinas policiales y los juzgados, un
cadáver en las morgues, en las calles, en los ríos y hasta en sus propios
hogares; que no se nos borre, hay mujeres sobreviviendo, cubriendo sus marcas
con maquillaje o en silencio agachando la cabeza, que hay madres estirando el
dinero para vivir a costa de sacrificar su salud y espíritu; no olvidemos: “somos
mortales errantes”, solo los ideales se vuelven inmortales cuando las luchas
son unísonas y por convicciones justas. Es fácil apuntar con el dedo a la que
soporta o a los y las que mantienen estereotipos o etiquetas, si tan solo
pudiéramos ponernos a lado de las que han caído y no han podido levantarse, que
en vez de alzar puño e insulto contra lo
mismo que queremos abolir, empatizaramos por cosas justas, así quizás “ni una
menos” seria el credo que respetar en las sociedades.
Mientras cada “8M” las calles en
el mundo se inundan, de pancartas, estribillos y opiniones, aún hay niñas
vestidas de rosa que no pueden escapar de sus agresores, que no aprenden que
pueden ser lo que quieran y defenderse con inteligencia; mientras diferentes
movimientos de mujeres se pronuncian junto a quienes les han arrebatado una hija,
hermana, madre, exclamando a todo pulmón por justicia y propuestas; sigue creciendo
adolescentes confundidas, amparándose en su rebeldía, por necesidad no
estudian, por mejores oportunidades llegan a perder su cuerpo, por no tener un
núcleo familiar que las proteja, viralizan la violencia y cosifican su género-
no diría que son ingenuas- pero en ciertas ignorancias, lo emocional las
atrapa, algunas no pueden defenderse o pensar diferente, otras terminan
aceptando que no merecen algo mejor de lo que tienen y bastantes muchachas, se
escudan en que no les importa lo que digan de ellas; entonces las luchas se van
desmantelando con la idea que solo sobrevivan las fuertes y las cosas se
resuelven para las afortunadas.
Los actuales esquemas que
abandonan a las mujeres, subsisten cuando nos enfrentamos entre nosotras y con los
hombres, nos cuesta empezar por nosotras mismas, por nuestra paz propia, por amor
propio, para que la sociedad que no cambia la revolquemos en el piso y pida
piedad porque ya no le tememos; ojala realmente cuando dicen que las mujeres
maduran más antes y comprenden mejor, lo aplicáramos en masa, para vivir en mejores
condiciones en la sociedad; pero el rosa se tiñe de rojo, cuando es las
noticias desentierran a una más, la que se buscaba aparece muerta y violada en
una zanja, el rostro de una madre o esposa se pinta color sangre y morado; las
noticias las exhiben mediáticamente, los medios se visten de samaritanos para
compartir su tragedia y en vez de eso la revictimizan y propagan más morbo,
está claro que naciendo mujeres, algunos seres humanos la han pasado o pasan
mal.
El rosa se tiñe de rojo, cuando miles
de mujeres se han vuelto un número en las estadísticas de las instituciones, un
caso de violencia sin resolver o retardado en los juzgados, un hecho visto por
televisión, por las redes sociales y las calles; de rojo carmín se pinta la
vida de mujeres limpiándose las lágrimas y ocultando sus cicatrices. Cuando
cada 8M en coro muchas cantan “justicia, basta de violencia, ni un muerta más”,
también alcemos la voz bien fuerte en son de festejo pregonando: que aún
seguimos vivas, que tenemos derechos, que nacimos féminas, que hay mujeres que
tienen profesión y no se van a rendir, que hay mujeres que tienen corazón y
valen oro, que hay mujeres que no caen en el juego de la violencia y crean
propuestas, que unidas podemos lograr
todo, pero empecemos por nosotras mismas, por los hogares, con educación, información
y amor a la vida; aprendamos a dejar de enfrentarnos y prejuzgarnos, para que
los días especiales realmente nos hagan sentir que hemos logrado algo y las
voces se multipliquen sin miedo.

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