MADRES EN TIEMPOS DE PANDEMIA
Cada 27 de mayo en nuestro
territorio nacional, las calles de la ciudad se llenaban, con regalos, flores,
filas en negocios por pedidos especiales de comida, de dulces, de productos de
acuerdo al bolsillo de los clientes, se veían a los escolares de diferentes
edades con trajes de baile camino a sus horas cívicas en homenaje a las madres,
ese día especifico del año, grandes cantidades de gente se aglomeraban en el
centro de la ciudad y otros puntos de venta para adquirir un presente, un
regalo para la madre del hogar, un obsequio como muestra de cariño o
agradecimiento, realizaban una acción cotidiana con un propósito particular, en
este día un toque de aprecio definía la compra o inversión realizada, para un
ser querido al que llamamos “mamá”.
Ese día de mayo, otras personas,
entre ellas madres que no pueden darse el gusto de descansar ni en su día, se
preparaban desde tempranas horas para la venta, el trabajo cotidiano y la
rutina del día a día; él ahora es diferente, pero este 27 de mayo las calles seguían
llenas de gente, eso panorama no ha cambiado más que en que ahora algunos usan
barbijos y trajes protectores, pero sin mantener distancias prudentes, aunque
el presente del mundo que conocemos atraviesa una pandemia que va dejando en
cama a personas sin discriminar sexo, origen o posición, va quitando vidas sin
pena ni remordimiento. Un virus está siendo más mortal que un arma con balas,
aun así, la gente ya no puede retenerse en el confinamiento de la cuarentena
sea por necesidad o necedad, las personas empiezan a salir unos con miedo y
cuidado, otros con inconsciencia y descaro.
Estos tiempos están siendo
difíciles, cada boliviano lo esta sintiendo de acuerdo a su realidad, economía
y posición, pero si antes era complicado,
ahora es casi un mal dañino física y mentalmente para las madres, intentare
removerles los ventrículos del corazón y cristalizar sus recuerdos y memorias a
través de sus ojos, porque cuidar de otro ser de tu sangre al que llamas
hijo-hija o aunque no lo sea y te sientes responsable como lo hace una madre de
que coman o estén bien esos seres que amas, es un papel que pocas mujeres
asumen con valor, porque ser mamá implica que puedas hacerlo bien o tengas
fallas, serás juzgada o señalada por tu propia prole o por quienes solo saben apuntar
con el dedo la vida de los demás, con eso y más tienen que lidiar ellas cada día
de su vida.
Las madres en tiempos de pandemia
tienen una lucha colosal con la luz que se asoma en el cielo de cada nuevo día,
desde las que trabajan con la carretilla a cuesta hasta la que no tiene de que
trabajar, en el hogar o familia que haya una persona en el rol de madre, ese
ser humano despierta con la sensación de que tiene que poder alimentar y cuidar
a su familia, que aunque le duela algo o se sienta que se rinde al miedo y la
desesperanza, aun así tiene que lavarse la cara para continuar. Ellas pueden
empezar su día con rezos y lágrimas, con rabia e impotencia, pero deben
levantarse y buscar la manera de conseguir dinero, de hacer alcanzar la plata,
de llegar al trabajo, sea que es fe, esperanza o solo las ganas de sobrevivir o
no rendirse, una madre emprende la lucha cotidiana de alimentar a sus hijos y
haya un techo sobre sus cabezas; un lugar al que llamar mi casa.
Con el virus en los 9
departamentos, quienes no deberían se han vendado los ojos, quienes deberían ser
comprensibles han alzado piedras y difundido insultos; quienes si pueden hacer
cambios desde sus posiciones, solo han discutido y peleado mediáticamente, quienes
deberían tender la mano a los que necesitan atención médica o respuestas, los
han rechazado o negado, hasta quienes si pueden resistir estos crudos tiempos con
sus actos y acciones van arrinconando y
desamparando a quienes no pueden darse el lujo de no trabajar o quedarse sin trabajo. Es notable y omisible tales
situaciones para los intereses del sistema social y económico en que vivimos,
así como para aquellos que no tienen más que ocuparse en hacer política y
opinar a diestra y siniestra de la misma, pero la realidad actual nos muestra
que el trabajo informal era numeroso y
entro en crisis por los despidos, por los que tienen que trabajar menos a la
fuerza, porque no les pueden pagar sueldos completos; por los que tienen que
regalar sus vacaciones, sus derechos y ocultar sus enfermedades, para que no
los despidan; por los que invirtieron en una cargas de frutas, verduras y no
pueden venderlas, pero no tienen seguro médico por si se enferman al recorrer
grandes distancias como puedan, por los que caminan largas trayectos y no
venden lo suficiente como para una comida decente, sea que tengan pues fijo o
ambulante, negocio o restaurante, había sido claro que la gente que vive del
día y de sueldos míseros o gane pocas cantidades de dinero, es demasiada. Así estos
meses hay muchas madres que viven ahora este viacrucis.
Una cocinera, una vendedora, una
cajera, una enfermera, una comerciante, una barrendera, una juguera, una
empleada del hogar, una empleada de limpieza, una ama de casa, una mujer y
sobre todo estas personas como madres en las condiciones que ahora demarcan su
día a día, se les ha hecho más duro llevar a cuesta la carga del hogar, puede
que las referencias a los múltiples trabajos que hace una madre queden cortos
acá, pero sé que han debido de ver, que hay mujeres que se dan modos para
trabajar estos días, para movilizarse sin auto, para llegar su fuente laboral y
no le falte el sueldo, para salir de casa y buscar la forma de ganar dinero aun
con miedo y preocupación, le teme más al no tener algo que cocinar, a dejar que
la miseria la inunde, a no tener plata para paliar sus necesidades, le parte el
alma más las lágrimas de sus hijos cuando no puede llenarles el estómago o
permitirles ver televisión o videojuegos porque no los tiene y debe mantenerlos
encerrados para que no enfermen, le parte el espíritu el temor a que por
trabajar enferme a sus seres queridos o su familia enferme porque ella no los
cuido bien, y hay madres que caen de rodillas implorando ante la deidad que
rezan cuando no puede resolver como harán el mañana si el dinero no alcanza, sino
tienen nada que cocinar, le temen más a ver morir o sufrir a sus hijos y
familia que ellas quedarse hueso y piel.
Múltiples y diversas son las
realidades de cada hogar en nuestro país, pero en vez de recordar lo que es
tener necesidad y cuánto cuesta sobrellevarla, hay gente que prefiere
insultarlas, discriminarlas, ofenderlas, a eso súmenle el montón de mozalbetes y
jóvenes que con groseras expresiones y faltas de ortografía básica dan sus
grandes opiniones en las redes donde se masifica más rápido lo trivial que lo
útil de sus textos referidos a los que trabajan o no se cuidan como deben en
cuarentena, por los que siguen trabajando porque no pueden darse el lujo de
echarse en sus camas o sentarse en su casa, ya que sus trabajos son necesarios
y no pagan siempre bien, a esa sarta de opiniones poco productivas no faltan adultos y supuestamente cultos y
profesionales embadurnados en sus lógicas, raciocinios y conocimientos para
ofender y arremeter cruelmente, como si no hubieran tocado libros o empatizado
su experiencia y conocimientos.
Con toda esa gente haciendo crítica
destructiva, aun así la gente se ha dado modos para seguir trabajando, para que
en cuarentena y con la pandemia, las calles estén limpias, las mesas tengan
pan, los refrigeradores estén llenos, los servicios básicos estén funcionando,
los centros de salud públicos y privados tengan personal de turno, quizás aún vivimos
en condiciones injustas y poco ideales, pero hay quienes tienen todo esto
gracias al trabajo de otros y de mujeres que se rompen el lomo por no rendirse
y llevar el sustento a sus hogares, por esas personas que son madres y no
abandonan la lucha aunque la vida las golpee una y otra vez.
Este 27 de mayo se vivió casi
igual para los que pueden todavía festejar, la única diferencia es que estaban
en casa resguardados o salir bien resguardados, porque tienen fuentes de
ingreso y pueden tener sin falta dinero para pedir por delibery o comprar una
muestra de cariño para sus madres, demostrar el amor que le tienen porque sus
mamás se lo merecen, quizás esas personas deberían estar de sobremanera
agradecidas por poder hacerlo y tener a una madre en casa o si trabaja se esté
cuidando con todas las precauciones para seguir su rutina, hoy en día el
cuidarse es también cuestión de tener dinero para mantenerse saludable o
comprarse insumos de limpieza o bioseguridad, porque en muchos otros hogares
alguien se pone a contar los centavos y billetes para ese día por lo menos
comer alguito mejor o simplemente agradecer tener algo de dinero aunque no sea
suficiente, ese día de mayo debería ponernos a pensar en las madres que rezan
en silencio, que lloran en la oscuridad de la noche o el amanecer mientras
cargan algún hijo o los dejan dormidos, en las madres que cumplen con sus
trabajos y jornadas con sueldos e ingresos míseros, pero siguen dándole con
fuerza día que pasa.
En estos días deberíamos mejor aprender
a decir las cosas, pensándolas con criterio claro y en fechas memorables
recordar a las madres que ya no pueden tener para la comida y menos para un
barbijo adecuado, la pobreza les toca la puerta, las golpea con rudeza y aun
así convalecientes no pierden la esperanza, mientras ocultan sus miedos y
tristeza, en estos días que compartimos por internet nuestra alegría y
felicidad de tener una buena madre o agradecer el tener una figura materna
loable y a seguir; hay quienes ya no la
tienen y ni han podido despedirse pues el COVID-19 se las ha llevado, por
trabajar o por solo estar cerca de alguien que estaba infectado, hay hogares
que lloran a una madre que ya no está y no han podido costear el salvarle la
vida, así como hay madres abatidas que lloran como enferman o mueren sus
maridos y sus hijos sin poderlos abrazar o despedir como se debe, se sienten
culpables e impotentes entre lágrimas sin descanso desearían que nadie viviera
eso o por lo menos entendieran lo que se siente antes de juzgar.
Por esas madres que un 27 de mayo
se homenajean y muchos desconocemos las penurias de mujer, de trabajadora, de
ser humano que vive; por eso sonríe en el trabajo, atienden bien a quien te lo
pide, dale esperanza al que parece haberla perdido, el hecho de ser
profesionales nos debería hacer entender la importancia de nuestro trabajo y el
amor que le deberíamos meter a la palabra “al servicio de la gente”, si tienes
trabajo particular o negocio agradece el que puedas ganar dinero y si tiene
demás o te sobra, regala porque el que da siempre será recompensado; si vez a
un familiar padeciendo comparte algo que tienes, no siempre el que necesita
pide por orgullo o vergüenza mucha gente se calla la necesidad, hasta nosotros
mismos en algunas situaciones, sobre todo si atiendes gente o estas en lugares
de riesgo y contagio, recuerda que temer es normal, pero negarle la ayuda
aunque sea mínima a alguien se carga en la consciencia, nunca ha sido fácil ser
valientes y menos ahora con la pandemia.
Todo esa empatía que se
recomienda surge porque esto que se esta viviendo es la prueba de cuan humanos
y empáticos podemos ser, y estas palabras intentan recordarte todo aquello que
has escuchado de un ser humano que a su manera no la ha enseñado diciendo cosas
como: “trabaja bien hijo, diosito te va premiar”, “en esta casa siempre habrá
un plato de comida”, “no te enojes, orgulloso es, pero igual dale lo he visto
flaco y pálido”, “come bien, cuídate, no reniegues hay gente así, tu trabajas
bien siempre”, “ayúdale hijo, quizás un día yo así voy a estar sufriendo de
viejita ”, “no hay que ser malos hijo, diosito ve todo”, “ya hijo, tranquilo,
todo va estar bien”, “tienes hambre, te lo he preparado comida”, “no has
comido, te lo voy a hacer alguito”, “hay que trabajar nomas hijo, mientras se
pueda para que no falte”, “vamos a salir adelante, van a ver esto solo es
prueba fuerte nomas”, esas y muchas frases que nos llegan a la mente de a poco,
te van hacer pensar, que hay madres que siempre hacen alcanzar todo, que
siempre piensan que va ir mejor aunque no digan que no será tan así, que
siempre le dan lo mejor a sus hijos aunque ella siga con las mismas ropas, que
estiran el dinero y hacen magia o milagros para multiplicar la comida, que le
pone corazón a su actuar y que el amor de madres siempre esta aprueba y es duro
serlo, por eso no deberíamos juzgarlas sino entenderlas y comprender su actuar
cuando algo no nos parezca, porque ellas pueden darnos una sonrisa o un abrazo
hasta en nuestro peor momento o peor acto y nos hacen ver que hay madres en
tiempos de cuarentena que la están pasando mal, pero no sueltan su hogar, ni
sus hijos porque los quieren.

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